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Un mexicano, en la industria vinícola de Washington

Lo que me encantaba era saber que mi padre trabajaba en esa viña y que lo que producíamos sería parte de una discusión interesante,  de una celebración”  Víctor Palencia

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Por Diana Leal

Tres años tenía Víctor cuando llegó con su familia a Prosser, una pequeña población ubicada al   sur oriente de Yakima,  donde naciera la joven industria del vino en el estado.

David, el padre de Víctor, trabajaba haciendo ladrillos en Villa Jiménez, un pueblo pequeño de Michoacán. Allí nacieron algunos de los ocho hermanos de Víctor, y su madre Roselía.

En México David alternaba el trabajo de la fábrica con algunos quehaceres agrícolas cuando  sus hermanos lo persuadieron sobre la posibilidad de un mejor futuro en Yakima, Washington, en el trabajo de la agricultura.

Así llegaron a vivir a una hacienda agrícola donde David trabajaría como empleado atendiendo los cultivos de menta, cerezas, ciruelas, uvas de jugo y maíz. En el rancho había una casa pequeña frente a un árbol muy grande, construida  para los trabajadores. La Casa Amarilla,  le llamaban al ranchito donde Víctor creció. Todos los habitantes de Prosser sabían dónde era, pues no pasaba desapercibida con la vistosidad de su color.

A mediados de los 90’s los rancheros de Washington empezaron a cambiar sus  huertas de manzanas y cerezas por viñedos. Al padre de Víctor se le encargó entonces irrigar la vid, entre otros quehaceres que exigían los cultivos, mientras Roselía atendía a los muchachos que ya empezaban a ir a la escuela y a balbucear  el inglés.

Los domingos por la mañana, siendo aún un chiquillo  Víctor le ayudaba a su padre a cambiar las regaderas del agua de un surco al otro.  Desde entonces tal vez ya empezaba a disfrutar del  aroma de las uvas.

“Y regresábamos a casa y mi mamá nos tenía el almuerzo listo y las tortillas calientitas, recién hechas”, dice con tomo de alegría al recordar.

 El  vino viene de la uva y si la uva está buena, el vino será bueno

Desde el momento en que se planta la uva dura más o menos tres años para que esté lista para cosechar. En primavera florece y los frutos maduran al final del  verano y principios de otoño, cuando llega el tiempo de cosechar. Existen variedad de uvas con diferentes formas, hojas y racimos; de  ahí viene el nombre del vino o la variedad: Malbec, Sira, Cabernet etc.

La dedicación

A victor el trabajo en los viñedos no le impedía ser un buen estudiante, y la escuela no le quitaba el placer que sentía yendo a los viñedos.  Siempre enfocado, como en la clase, tratando de descubrir el porqué.

Cuando cumplió 13 años Víctor empezó a trabajar durante el verano tiempo completo. Ayudaba a su padre podar, a cuidar, a seleccionar la uva, a manejar el tractor.

“Si me gustaban las fiestas” dice Víctor. “Pero en tiempos de cosecha se quedaban a un lado, igual que los amigos porque el trabajo era para trabajar”.

A los quince o diez y seis años además de trabajar con la vid, y con la ayuda de Dave Minick, quien había sembrado uvas por años y tomara a Víctor como su aprendiz, el joven mexicano ya empezaba a participar del proceso de producción en las bodegas y vinerías donde él era la excepción.

-Andaba fascinado con el olor de las bodegas, dice al describir el enorme placer que le producía convertir en vino el jugo de la uva.

“Era muy raro mirar a los mexicanos en el makery (casas procesadoras) ni en el mercado.  Después de la pizca se acababa el trabajo para ellos”.
Barriles2 Después de recoger la uva, ésta toma  un mes o dos fermentando o procesando. Después de procesarse  el jugo de la uva se lleva a los barriles.  Pero para evitar la entrada del aire se adicionan distintos componentes. De eso depende su distinción, su singularidad.  Si el vino es rojo toma dos años añejando en el barril, y luego, después de cinco años se lleva a la botella.

A los 18 años el joven Palencia ya llevaba adelantada la vida: Tenía trabajo de tiempo completo en los viñedos, ya había comprado su carro, sin embargo su intención era continuar.

El consejero de su escuela presentó a Victor con Mr. Clarke, el encargado del nuevo programa Bianual de Vinos -Vinicultura-en la universidad de Walla Walla.  Así  salió Victor de Prosser, a estudiar lo que hubiera planeado años atrás.

En el college era evidente que no era un estudiante común entre los ejecutivos, profesionales y propietarios de ranchos y viñedos que ya venían a visitar la región de otros lugares, productores de vino del país y del mundo.

_”Miraban que era un chiquillo. Que no tenía dinero.  Que no era parte de las familias de  la industria” recuerda.

Y hablando de racismo y discriminación dice: _”Si veía que había racismo cuando llegaba pero las cosas cambiaban  en segundos.”  Y recuerda que siempre era cortés (polite)   y respetuoso. “Lo que me hacía sentir incómodo los otros lo veían con admiración” añade,  refiriéndose tal vez a su origen o condición social. -“En cada dificultad encontré una oportunidad”.

Mister Clarke tenía muchas conexiones  que siempre compartía con su nuevo pupilo, quien habiendo empezado la carrera  de vinicultura ya también llevaba adelantada la tarea.  “Veían que era maduro. Que era trabajador”  dice al explicar el respeto que sentía por parte de sus compañeros  de clase.

Pero el menor de edad, quien asistía a la universidad con la mente abierta por su voraz curiosidad tenía una aparente dificultad: no tenía aún 21 años y la ley no le permitía tomar.

Degustarlo es lo ideal, pero como no podía, entonces observaba su apariencia, su condición, capturaba sus perfumes. Observaba el balance,  el grosor. -The length and the depth.

El conocimiento trae poder y el poder genera respeto

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Victor Palencia Pasó parte de su niñez y temprana juventud en “le terroir” donde cosechó su pasión por entender y conocer todo acerca de lo que hacía su padre; su precoz conocimiento y curiosidad ya lo había hecho sobresalir en lo que hacía, aún antes de ser mayor de edad

El presente

Hoy este joven migrante mexicano,  hijo de trabajadores del campo, no sólo maneja la compañía más grande de la industria en el norte del estado. Acaba de abrir su propia productora de vinos “Palencia” donde continuará innovando y haciendo mejor uno de los placeres más antiguos del mundo, el vino.

Víctor hacía lo que escribiera el experto en vinos John Luckack.  Apreciaba el vino de manera intelectual y emocional. No solamente de manera física. Olfateaba, olfateaba nuevamente dándole a su nariz una enorme responsabilidad.

Cuando cumplió 21 años la alegría no fue sólo la de poder entrar a un bar. La mayoría de edad le dio al joven la oportunidad de hacer pública su pasión. “Logré tener  mayor intimidad con el proceso de la uva y su producción”.

 No hablo de lo que he hecho dice Palencia pero dice que le gusta enseñar lo que sabe a sus compañeros de labor. “El conocimiento es  poder y el poder trae respeto”, afirma haciendo referencia nuevamente al tema de la desigualdad de oportunidades, a la discriminación social.

“Cuando era un simple trabajador yo daba todo”, recuerda.  Pero además de trabajar duro le gustaba también soñar.

_”Yo decía mis sueños”, a lo que le respondían los otros mexicanos que trabajaban en el campo: _Ahy! todos queremos eso.

“Sueñen que pueden hacerlo y lo harán” les insistía. “Si miran que somos trabajadores, que somos honestos, claro que si tenemos la oportunidad de que nos digan _venga, vamos a trabajar. Hagamos negocios” predicaba él.

Victor Palencia es hoy el gerente de producción de Js crushing, una de las productoras de Jones of Washington,  La compañía de vinos más grande del norte del estado de Washington. Durante el año en su trabajo Palencia visita los viñedos para observar y estudiar la uva y para saber si está lista y decidir cuando recogerla.

Luego de la pizca o cosecha Víctor lidera el procesamiento,  la fermentación.  Y es que fermentar el jugo de la uva para convertirlo en vino y evitar que se avinagre no es tarea fácil.

Además Palencia es el encargado en la compañía de realizar el mercadeo y la distribución.

Palencia acaba de regresar de Francia donde representó a los Estados Unidos en un congreso internacional de vinicultores, y llegó con buenas nuevas, listo para lanzar PALENCIA, su propia compañía de vinos al mercado, en un estado joven en la producción de vino y con uvas que vienen ganando reconocimiento por su calidad.

Reconozca y aprecie el esfuerzo, Do not take it for Granted! 

Cuando se abre una botella de vino se abren años de esfuerzo y dedicación, dice Víctor. “Yo conozco  las desveladas de la gente trabajando, haciendo posible que se habrá esa botella”.

Otro sueño de Palencia, además de buscar un reconocimiento por la labor de los trabajadores del campo,  es cerrar “el gap” o la brecha entre los operarios de máquinas, los distribuidores, el restaurante de lujo y lo amantes del vino.

“Lo mejor es ayudar’ dice y manifiesta su interés en compartir su conocimiento e  involucrar más a su gente en la industria.

El vino une a la comunidad, y dice que gracias al esfuerzo de todos estos trabajadores es que el vino sabe bien.”

_”Al final del día yo continuo siendo otro trabajador,  agradecido sí, por  todo lo que tengo alrededor” afirma.

“Soy campesino y Mexicano de corazón” y reitera que es el trabajo duro y la dedicación para aprender  es lo que le ha ayudado a superarse.

Una de las canciones favoritas de Víctor se llama el viñador. El guardián de la vid, o los viñedos. Y recuerda durante la entrevista la estrofa que habla de las frutas del vino como las frutas de amor.

Parafraseando a Luckack somos afortunados de vivir en este período de tiempo, si somos amantes del vino. El autor se refiere a la enorme variedad de vinos que hoy se produce en todos los lugares del mundo y de todos los estilos gracias a la virtud de expertos,  trabajadores y de jóvenes como Palencia.  Salud por el vino y por el amor al  vino!