¿Superará Maduro su crisis y seguirá atornillado al poder?

La crisis venezolana persiste en la actualidad dejando graves consecuencias en la población venezolana y también en muchas regiones colombianas y latinoamericanas. La actual pandemia y la coyuntura sanitaria solo agudizan este panorama.


Foto tomada de la Cancillería de Venezuela
Por Gonzalo Silva R.
Medialuna Magazine

El trago más amargo de su mandato lo pasa el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en momentos en los que el mundo está revuelto.

Los Estados Unidos lo acusa de narcotráfico y ofrece por su cabeza una recompensa de US$15 millones de dólares, mientras que la pandemia COVID-19, que asola el planeta, encuentra en grave depresión la economía de su país.

Maduro fue denunciado por el fiscal general de USA, William Barr, quien lo implica en el supuesto liderazgo de un cartel de drogas y lo acusa de varios cargos criminales, entre otros, de haber recibido US$5 millones por parte del grupo guerrillero Fuerzas Armadas de Colombia FARC, en 2006, cuando era canciller de Hugo Chávez.

Tras el anuncio de una cruzada contra el narcotráfico, el señor Donald Trump ordenó el despliegue de una fuerza naval cerca de las costas de Venezuela, aumentando la presión contra el mandatario y su círculo de colaboradores cercanos, sobre los que también se han anunciado recompensas.

La andanada de golpes que alcanzan al mandatario venezolano se presenta en medio de la crisis mundial por el nuevo coronavirus, con sus miles de víctimas humanas alrededor del mundo, el cierre de fronteras y el  aislamiento de comunidades enteras.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), de paso, le acaba de negar un crédito por US$5.000 millones, que solicitó para enfrentar la emergencia de salud.

Estas contingencias suceden en medio de la celebración de sus siete años de gobierno ininterrumpido, desde marzo de 2013, cuando asumió de manera interina la presidencia de la República Bolivariana, tras la muerte del comandante Hugo Chávez.

Caída súbita

Venezuela, el otrora considerado país más rico del continente y principal productor de petróleo, entró en caída súbita con la llegada de Maduro al Palacio de Miraflores, y afronta hoy la mayor crisis de su historia reciente como república.

En la década de los setenta el país manejaba las dos terceras partes de las exportaciones mundiales de hidrocarburos, y más del 60% de su población pertenecía a la clase media. Sin embargo, el decorado cambió de extremo a extremo con su llegada al Palacio de Miraflores.

La producción petrolera está desplomada como resultado de las sanciones económicas que USA le impuso al país, y la caída de los precios a nivel internacional.

La profunda y ya larga crisis económica y social ha llevado a un alto porcentaje de sus habitantes a traspasar los límites de la miseria.

La mayoría de venezolanos no confía ni en el Gobierno, ni en la Asamblea, ni en la justicia, ni tampoco en los órganos electorales.

El mandato de Nicolás Maduro ha sido cuestionado y sometido a protestas callejeras, expresadas en manifestaciones públicas, desestimadas y reprimidas con violencia, con el argumento de que vienen siendo estimuladas desde el exterior, como parte de un complot internacional para derrocarlo, promovido por los gobiernos de Washington y Bogotá.

Su estrategia para mantenerse en el poder ha incluido todas las formas de lucha.

Ha puesto a su servicio a las llamadas Milicias Bolivarianas, 1,6 millones de civiles que reciben formación militar y se ejercitan en ejercicios castrenses, a veces con armamento, mientras ha hecho de la represión a la oposición, la censura y la continua violación a los derechos humanos, una férrea política de Estado.

Escándalos de corrupción

A la denuncia por narcotráfico que hoy le hace el gobierno de los Estados Unidos, se suman muchos otros escándalos por corrupción en todos los niveles del Estado, que envuelven por igual a la esfera presidencial, sus colaboradores cercanos y las Fuerzas Armadas. Ellos quedan impunes, según la prensa independiente.

Con maquinaciones burocráticas y estímulos financieros, además, se silencia y se compromete la complicidad de los altos mandos de las Fuerzas Armadas.

Se ha revelado que en la última década, solo por el sistema de control monetario, más de USS300 mil millones se desviaron de las arcas públicas hacia las cuentas personales de funcionarios del Gobierno y de militares.

La creciente participación de estos últimos en el manejo de la economía y en las decisiones políticas del país ha ido a contracorriente con las acciones que constitucionalmente deberían cumplir para garantizar la estabilidad democrática, así como la seguridad y la defensa nacional.

Su activa participación como órgano represor de las protestas de inconformismo social y su incumbencia en el ámbito empresarial ha potenciado al país como un régimen militar o militarista y ha patrocinado el saqueo del patrimonio nacional.

La compañía de Petróleos de Venezuela PDvsa, la joya de la corona y de la economía venezolana, ha sido saqueada y el Gobierno que se auto proclama socialista impulsa un cambio en la Ley de Hidrocarburos que permitiría abrir las puertas a su privatización, al subastarla entre compañías extranjeras.

Éxodo Masivo y crisis en los países vecinos

La crisis humanitaria por la que atraviesa Venezuela, con una economía que se ha venido contrayendo desde la asunción de Maduro, ha provocado un continuo éxodo masivo de ciudadanos hacia el vecindario regional.

Se estima que, de los 33 millones de venezolanos censados en época de Chávez, al menos cinco millones se han exiliado en Colombia, Brasil y las islas caribeñas de Trinidad y Tobago, Aruba y Curazao.

La migración en masas contagia el salpullido de crisis y de inestabilidad económica de Venezuela entre los países limítrofes.

Hoy, la enorme cantidad de personas que hace parte de esa avalancha humana, se apresta a convertirse en la más grande crisis de refugiados en el mundo, desde el estallido de la guerra civil siria, y por su alto estado de ilegalidad provoca serias consecuencias en las naciones vecinas.

Vendedores ambulantes, recicladores, mensajeros y otras miles de personas se dedican a la economía informal, mientras otro tanto de indocumentados, cargados con niños, pululan por las calles y las esquinas de las ciudades, lanzados a su propia suerte, empobrecidos, agobiados por el hambre y viviendo de la caridad pública.

La tragedia de Colombia

Colombia, país que comparte con Venezuela la más grande de sus fronteras -2.219 km cuadrados- es el principal centro de confluencia de refugiados y su mayor damnificado.

Cada día se registran alrededor de 1.600 ingresos legales de Venezuela al país cafetero. Estadísticas de Migración en ese país, publicadas en agosto pasado, cuando parecía que había pasado el fragor, señalaban que 1.400.000 inmigrantes venezolanos habían atravesado territorio colombiano “buscando huir del régimen de Maduro”, según su director, Christian Krüger.

Las cifras más recientes, divulgadas en marzo último, indican que actualmente residen 1.825.000 venezolanos, de ellos solo 800.000 con registro de ingreso legal.

Migrantes venezolanos de regreso a su país por crisis de COVID 19. Foto tomada de web de Presidencia de Venezuela

El resto, el gran paquete de los inmigrantes que llega de manera irregular lo hace por distintos medios, bien sea por mar hacia la Guajira, o luego de atravesar miles de kilómetros de trochas fronterizas que están por fuera del control de las autoridades binacionales.

La imparable migración de venezolanos se ha venido convirtiendo en un problema de seguridad nacional en Colombia, con el que se afecta de manera más crítica a las ciudades fronterizas. Sin embargo, en Bogotá, en el centro del país, se han censado más de 400 mil inmigrantes.

El exalcalde de Maicao, una pequeña ciudad del departamento de la Guajira, en el noreste de Colombia, ilustró en una carta cómo la invasión del espacio público por parte de los refugiados genera presión social en las calles, y también cómo la entrada de delincuentes, que llegan mimetizados entre ciudadanos honorables, pone en riesgo la seguridad y la salud de sus habitantes.

Según la Procuraduría General de Colombia, más de 1.200 venezolanos se encuentran actualmente detenidos en cárceles de ese país por delitos de hurto, tráfico de drogas, contrabando y porte de armas.

Mientras los hospitales de las ciudades colombianas se desbordan, la demanda de cupos escolares se hace insuficiente y aumentan los niveles de desempleo, informalidad y pobreza, se dispara también la delincuencia, la criminalidad y se exacerban los sentimientos chauvinistas hacia los inmigrantes.

Además, la política de puertas abiertas y los permisos laborales para los venezolanos que cumplen los requisitos exigidos por el gobierno de Colombia, han contribuido a aumentar los índices de desempleo en esta nación.

Se calcula que el 44% de los venezolanos que residen en Colombia tienen estudios universitarios o cuentan con formación académica y llegan a competir con los nacionales por los puestos de trabajo en el sector empresarial.

Este mano a mano también incide en el sector comercial, afectado ante la permanente entrada ilegal de mercancías de Venezuela, un fenómeno acentuado que abre boquetes en el comercio, desata competencia desleal y provoca una desviación de la demanda.

La radiografía que registra Colombia con el fenómeno de la migración puede calcarse, en tono menor, en los demás países limítrofes que permiten el acceso de inmigrantes.

La crítica situación económica de los venezolanos que residen en las naciones vecinas se agudiza ahora por el cierre de la industria y el comercio, así como por el confinamiento social obligatorio que han debido declarar la casi totalidad de los países del mundo, como consecuencia de la propagación de la epidemia del coronavirus; y como resultado de sus precarias condiciones de vida se convierten en población altamente vulnerable al contagio.

Obviamente, también constituyen un reto más para los gobiernos en sus apuestas para el control de la epidemia.

Colombia y Brasil, particularmente, “raspan las ollas” de sus finanzas para sostener la crecida población de refugiados, sin que cuenten con el apoyo financiero que se les ha otorgado a los países que han recibido a los refugiados sirios.

La oleada de desplazados los tomó de súbito, sin la preparación para contenerla, ni los recursos para enfrentarla.

Según cifras de la ONU, los gobiernos latinoamericanos afectados por la crisis venezolana solo han recibido el 2% de los US$1.350 millones aprobados por organismos internacionales, pese a que la crisis ha adquirido proporciones globales.

La comunidad internacional, en su conjunto, es responsable de proteger a los migrantes y refugiados del mundo y de brindar apoyo a los países que los asisten, como se estipula en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes de 2016.

Coronavirus y Venezuela

Como en todo el planeta, la pandemia de COVID-19 también entró a Venezuela y su combate se convierte en otro duro frente de batalla para el actual mandatario.

Sobre los estragos del mortal virus en la república bolivariana poco se sabe, por cuanto los datos oficiales no coinciden con los que revela la oposición.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) denuncia la detención de un periodista por cuestionar en Twitter las cifras oficiales sobre la propagación del virus, y el autoproclamado presidente, Juan Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, califica a Maduro de mentir y amedrentar a quienes cuestionan los datos del Gobierno sobre el impacto de la pandemia.

El fenómeno migratorio amenaza a las naciones receptoras a pagar un elevado costo social y económico que exprime sus finanzas, por cuanto la búsqueda de soluciones consume cuantiosos recursos en salud, educación, protección a la infancia y ayuda humanitaria.

El panorama se agrava con la imparable desaceleración e inminente recesión de la economía mundial, impulsadas en buena medida por el letal drama sanitario.

Como un colofón de todo este incierto escenario, Nicolás Maduro deberá enfrentar su propio caos institucional, político, económico y social, junto con la agresiva presión de Washington para forzar su retiro del poder por considerarlo un gobernante ilegítimo.

Se le suma el aislamiento internacional por parte de un centenar de países occidentales, que asfixia sus finanzas, agudiza su devastada economía y recrudece el drama social de sus habitantes.

Y contra todo pronóstico de quienes de tiempo atrás auguran su caída, Maduro se sigue mostrando arrogante y retador y pareciera seguir atornillado al poder.

El mandatario pretende terminar su mandato en 2024 y no oculta, incluso, la intención de presentarse a nuevas elecciones para reelegirse una vez más.

Pero la pregunta a responder será si el dictador venezolano tendrá el aire suficiente para sostenerse en medio de una crisis económica y de salud sin precedentes en la historia mundial reciente… y más aún cuando sobre su cabeza pende el pago de una millonaria recompensa.

Lea más aquí sobre la crisis humanitaria de Venezuela https://transparencia.org.ve/project/crisis-humanitaria-emergencia-compleja-venezuela/

Lea aquí el proceso que ha tenido la producción de petróleo en Venezuela

http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-64112006000100010

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