Cronopios, Julio Cortázar

El canto de los Cronopios

Cronopios pro Julio Cortázar
Cuando los Cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
Cuando un Cronopio canta, las Esperanzas y los Famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el Cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del Cronopio es Salomé desnuda danzando para los Famas y las Esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias.
Pero como en el fondo son buenos (los Famas son buenos y las Esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al Cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.

Tristeza del Cronopio, por Julio Cortázar

A la salida del Luna Park un Cronopio advierte que su reloj atrasa, que su reloj atrasa, que su reloj.
Tristeza del Cronopio frente a la multitud de Famas que remonta Corrientes a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once y cuarto. Meditación del Cronopio: “Es tarde, pero menos tarde para mí que para los Famas, para los Famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde”.
Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, yo soy un Cronopio desdichado y húmedo.
Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el Cronopio una tostada con sus lágrimas naturales.

Entre nosotros y en estos años lo que cuenta no es ser un escritor latinoamericano

sino ser, por sobre todo, un latinoamericano escritor.

Julio Cortázar, “Clases de literatura”

Instrucciones para subir una escalera, por Julio Cortázar

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas.

La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.

Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza.

Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie.

(Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria.

La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación.

Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Julio Cortazar (1914-1984)

Julio Florencio Cortázar nació en Bruselas, Bélgica en 1914. Su padre, un diplomático argentino, fue trasladado a ese país europeo por varios años, tiempo que coincidió con el inicio de la I Guerra Mundial y con el nacimiento de su hijo.

La familia Cortázar regresó a Buenos Aires cuando Julio tenía 4 años. Allí el niño realizó sus estudios de escuela y estudió el bachillerato para graduarse como profesor. Inició además estudios de Filosofía y Letras, que abandonó para trabajar y ayudar con los gastos de la casa.

Desde jovencito fue un intenso lector y se inició con la escritura de cuentos. Trabajó como maestro en una escuela rural argentina y como profesor de literatura en una universidad bonaerense, y a sus 37 años viajó a Paris, donde alcanzó su cúspide como escritor y donde falleció, en 1984.

Lea aquí más de Cortázar

https://www.medialunamagazine.com/la-vuelta-al-dia-en-ochenta-mundos/

http://guialiteraria.blogspot.com/2013/09/grandes-cuentos-latinoamericanos.html

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